Notas a la edición de "La defensa de Madrid", Sevilla, Renacimiento, 2011 (ilustrada).

María Isabel Cintas Guillén

En la primavera de 2010 andaba buscando datos sobre la salida al exilio en los finales de 1936 de Manuel Chaves Nogales. En una biografía del general Miaja encontré una cita de Chaves donde el periodista hablaba del frío de los combatientes en los primeros meses de la guerra y de la penuria de sus atuendos. Busqué la frase en los relatos de "A sangre y fuego" y no logré encontrarla. El estilo parecía narrativo, pero la cita era muy breve, así que mi intriga sobre si se trataba de algo nuevo se multiplicó ante la dificultad. A estas alturas de la investigación, podía llegar a pensar que el periodista había escrito algún otro relato de los primeros días de la guerra, pero, como tantas otras veces comenzaban las dudas indagatorias: ¿dónde se habría publicado?, ¿estaría traducido al francés o al inglés?, ¿y cuándo? ¿1936, 37, 40…? Una vez más era preciso iniciar una búsqueda casi a ciegas, remover hemerotecas, intentar deducir… De nuevo la investigación académica volvía a tener aspectos de investigación casi policial.

En Londres, uno de tantos días de búsqueda en la hemeroteca de Colindale, me dejé llevar por el azar. Buscaba sin objetivo concreto, tan sólo por no dejar atrás periódicos "sospechosos" sin consultar. De pronto, en Evening Standard apareció algo nuevo ante mis ojos: el 11 de enero de 1939 se publicaba un artículo de un corresponsal del periódico, sin nombre ni firma, titulado "Miaja. Hammer of the Moors". En él, con estilo un tanto desenfadado, se describía el trabajo realizado por el defensor de Madrid:

"En Madrid, Miaja ha logrado acabar con el terrorismo y los juicios sumarísimos. La población hambrienta de la ciudad lo conoce como "tío". Y ese mismo hombre que es el terror de los moros es adorado por los niños.

El General se ha procurado un refugio subterráneo en el corazón de la ciudad. Fue allí donde una vez dijo a los reporteros: "¿Pasar hambre? Antes nos comeremos nuestras botas". Ahora poco falta para eso en la ciudad de Miaja.

En ese mismo refugio, mientras retumbaban sobre nuestras cabezas los obuses de los nacionales, le pregunté una vez: "¿Por qué no apoyó usted a Franco?". El General me miró con dignidad y me respondió: "Señor, yo serví al rey hasta que abandonó este país. Al entrar al servicio del pueblo español, pronuncié un juramento de lealtad a ellos".


Aunque no llevaba firma, tuve una intuición: el estilo del texto me era próximo, podría haber sido escrito por Chaves, pensé tras revisar entre las brumas de una versión inglesa para la que no me sentía preparada. Me dejé llevar por esa intuición y, en efecto, cinco días después el periódico iniciaba una serie, firmada por Manuel Chaves Nogales, que con el título genérico de "The Defence of Madrid", recogía los episodios de la gesta en 12 entregas diarias (16, 17, 18, 19, 20, 21, 23, 24, 25, 26, 27, y 28 de enero). Se advertía al lector que la traducción al castellano la había realizado Luis de Baeza. Baeza, amigo y compañero del periodista, había sido el corresponsal en Londres de Ahora y vivía en la capital inglesa con su compañera, Dolores Harding, que le ayudaba en las traducciones.

Una vez encontrado el tesoro, convenía realizar una buena traducción. El reportaje iba ilustrado con dibujos de Mendoza, un exiliado español que ya había ilustrado otros trabajos de Chaves, y con fotografías cuya calidad era proporcionalmente inversa a su interés. Se encargó de la traducción Victoria León, estupenda profesional capaz de convertir un texto mediocre en algo digno; pero el esfuerzo que se le pedía no tenía materia prima sobre la que actuar: el texto lo había escrito Chaves hacía tiempo y, cuando se publicó en inglés, se vivían los rigores de la situación política francesa, que obligaban a actuaciones (y consecuentes traducciones) de emergencia. Porque ya Francia andaba tratando con despego a los demócratas y, Chaves entre otros, pensaban en la posibilidad de salir del país y marchar, a ser posible, a Inglaterra, ya que la vuelta a España a comienzos de 1939 estaba absolutamente vetada. Pero también Inglaterra ponía cortapisas a la entrada de exiliados españoles, por lo que Chaves comenzó a preparar su marcha a Inglaterra, solo, dejando a la familia a punto de volver, ellos sí, a España. En el momento en que la vuelta se produce, Manuel tenía tres hijos y su esposa estaba embarazada de su cuarta hija, Juncal, que nació en el mes de junio de 1940, en Navarra, en un campo de refugiados, mientras volvían de nuevo al exilio de El Ronquillo, en Sevilla, separados ya definitivamente del padre. Manuel consiguió llegar a Inglaterra acompañado de periodistas franceses e ingleses y con la ayuda precisamente del director de Evening Standard.

Pero no perdamos el hilo del reportaje. Una vez traducido el texto al castellano pude constatar lo que venía sospechando. La versión de Baeza era un desastre que en nada se parecía a lo que Chaves Nogales pudo haber escrito. Se imponía, pues, encontrar el texto en castellano, tal como Chaves lo escribió, que debía ser del mayor interés y que me colocaba una vez más en la coyuntura de desear encontrar algo que podía estar, si estaba, oculto en algún periódico del mundo. Eso sí, en castellano, con lo que la búsqueda se restrigía a periódicos ¿sudamericanos?, ¿chilenos?, ¿mexicanos?...

Comienzo a manejar una bibliografía de emergencia1, entre de actualidad y de barricada, que pueda ilustrarme sobre la defensa de Madrid; y observo con curiosidad que el alférez López dice en su libro, editado en 1945, lo mismo que dice Chaves siete años antes, pero en un sorprendente paralelismo. Escrito por una persona que vivió los acontecimientos como ayudante directo del general Miaja, el libro de Antonio López Fernández tiene la emoción del que rememora partes importantes de su esencia y se siente coprotagonista de un momento transcendental de la historia de la Guerra Civil, como señala en el prólogo que para él escribió Margatita Nelken:

¡Defensa de Madrid! ¿Habrá acaso, para quienes en ella, por modesta o anónimamente que fuese, participamos; habrá acaso, ya nunca nada que pueda sobreponerse a su significación, y al imperativo de esa significación? ¿Habrá acaso algo, en lugar y momento alguno, en cuanto a deber trazado, a fidelidad obligada, a indeclinable devoción, más decisivo que el recuerdo de "presencia actuante" de aquel noviembre, en que nos fue dado sentir, en el contacto directo de cada segundo, la fuerza más alta y más pura que existe: el heroísmo de un pueblo, en su voluntad de dignidad e independencia?

Pero volvamos al texto de Chaves. La versión inglesa me forzaba a buscar el originario texto español, pero era una búqueda a ciegas, sin fecha ni lugar. Por fin, en la biografía del general Miaja de Lázaro Somoza Silva se aludía a la publicación en la revista mexicana Sucesos para todos de un trabajo que podría ser el buscado. Somoza, cuyo libro se publicó en 1944, recogía también párrafos enteros, casi literales, del trabajo de Chaves, lo que me llevaba a pensar que Somoza no sólo conoció la versión publicada en México, sino que la encontró excelente y se sirvió de ella para su propio trabajo.

En la citada revista mexicana se había publicado A sangre y fuego en los últimos meses de 1937, que fueron los primeros de publicación de la revista. Portavoz de la izquierda mexicana, Sucesos para todos, que había dado cabida a elementos frívolos, llegó a ser un reconocido medio informativo que contó con magníficos colaboradores como Juan Rulfo o Gabriel García Márquez. Gustavo Alatriste, productor de algunas películas de Buñuel, (Viridiana, El ángel exterminador) fue su director, y contó con el trabajo de ilustradores que marcaron época, como ocurrió con Jesús Helguera, que ilustró los episodios de Los secretos de las defensa de Madrid, título que para esta edición tomó el trabajo de Chaves Nogales. Jesús Helguera (1910-1971), nacido en México, vivió su infancia en España y a comienzos de la Guerra Civil volvió a México, donde alcanzó una gran popularidad como ilustrador. Su dibujos, aparecidos en almanaques y cajas de fósforos (curiosa la similitud con los dibujos taurinos de Martínez de León, que también ilustró otra obra de Chaves, el Belmonte…), le dieron una inmensa popularidad.

Ya tenía pues noticia de la publicación, pero ignoraba la fecha de publicación. Buqué la revista sin éxito en distintas hemerotecas de Europa al tiempo que rogaba a Guillermo Cerón, de la Biblioteca Nacional de México, me proporcionase alguna noticia del texto de Chaves. Este bibliotecario, que se había esforzado al conseguirme los textos de A sangre y fuego, volvió a demostrar su generosidad y me escribió: "He encontrado las entregas del reportaje, son dieciseis en total, pero no disponemos de todos los ejemplares y. además, están en muy malas condiciones". Comencé entonces un rastreo por hemerotecas del mundo, ayudada por Victoria Riscos, de Préstamos Interbibliotecarios de la Universidad de Sevilla. Pasados algunos meses, llegó un buen día un mail de una Biblioteca Pública de Nueva York: "Los periódicos que busca están muy cerca de usted, en la Ibero-Amerikanisches Institut de Berlín". Puse en marcha una búsqueda en esta biblioteca, que realizó Jutta Gruber-Polewacz con la ayuda de Ingebord Speer. Jutta fotografió los textos, pero había un último problema: estaba el texto completo… excepto la entrega número 10. Rastreé bibliotecas mexicanas (mil gracias a Miguel Ángel Sánchez de Armas, Esperanza Narváez, Abigail Cervantes y Ernesto Alfonso Terry Carrillo, así como al Ateneo Español de México D. F.), librerías de viejo, coleccionistas…, pero el número 10 seguía sin aparecer. Tras dedicar sin éxito mucho tiempo al asunto, consideré que era mejor no seguir luchando contra los elementos. Porque, además, teníamos el texto de Evening Standard, traducido por Victoria León. Acotado y controlado el fragmento que faltaba, llegué a la conclusión de que se podía publicar con esa salvedad. Y tal vez un día aparezca ese número de 4 de octubre de 1938 que tanto se ha resistido. Creo que la traducción no desmerece demasiado con el resto del texto y, en último caso, tenemos constancia de que Chaves lo dio por válido.

Para terminar el proceso, Cristina Linares se desplazó a Berlín para escanear las imágenes y Pedro Gosalbes junto al Equipo Renacimiento ha intervenido con Guillermo Cerón en el proceso de rescate de las mismas, de nuevo, en una búsqueda de excelencia que ha sido ejemplar. Y la guinda del pastel la proporciona Antonio Muñoz Molina con su magnífico prólogo. Tengo que dejar constancia de mi gratitud a todas las personas que han prestado su desinteresada y entusiasta colaboración a la culminación de este proyecto.

Si la revista Sucesos para todos publicó las dieciseis entregas del reportaje entre el 5 de agosto y el 22 de noviembre de 1938, y Evening Standard un mes después, hay que pensar que se publicaron en un momento difícil para el periodista, cuando ya tenía en mente su marcha a Inglaterra desde el exilio francés. Hasta entonces había colaborado con la agencia Cooperation Press, propiedad de Emery Reves, y a través de ella había logrado la difusión de éste y otros trabajos que llevan el Copyrigth de Ruth Rogers. Pero el libro se había escrito mucho antes. Con toda seguridad, Chaves estaba en Madrid cuando se creó la Junta de Defensa y pudo visitar el bunquer de Miaja y hablar con él, según propia confesión. En el prólogo de A sangre y fuego había explicado la situación:

"Cuando el Gobierno de la República abandonó su puesto y se marcó a Valencia, abandoné yo el mío. Ni una hora antes ni una hora después. Mi condición de ciudadano de la República Española no me obligaba a más ni a menos. El poder que el gobierno legítimo dejaba abandonado en las trincheras de los arrabales de Madrid, lo recogieron los hombres que se quedaron defendiendo heroicamente aquellas trincheras. De ellos, si vencen, o de sus vencedores, si sucumben, es el porvenir de España."

Desde el seis de agosto, aparecía en la mancheta el nombre de Chaves como director del diario. Luego, a pesar de su propia confesión, permaneció en Madrid en la primera quincena de noviembre, y su nombre como director seguía apareciendo hasta el día 13, en que escribió su último editorial titulado "Siempre alerta" y fue propuesto para el despido por el Control Obrero de la Agrupación Profesional de Periodistas junto a Manuel D. Benavides y Jesús Izcaray. La expulsión de la Agrupación se hizo firme en julio de 1937, cuando ya Chaves se encontraba en el exilio de París.

Si hemos de dar por buena la versión de Jesús Izcaray, Chaves había salido de Madrid el mismo día que el Gobierno, el 6 de noviembre. En su libro Cuando estallaron los volcanes cuenta el periodista cómo Chaves propone la salida hacia Valencia el mismo día 6, en un automóvil del periódico en el que iban Benavides, Paulino Masip, Clemente Cimorra, Jesús Izcaray y el propio Chaves. Cuenta Izcaray la llegada a Valencia y la dispersión posterior de los integrantes de la expedición, y cómo él mismo se siente apesadumbrado por la que vive como deserción, y planea volver a Madrid en unos días. Y no comenta más acerca de Chaves, que tal vez volvió con él, o por otros medios; el caso es que según se desprende del relato que presentamos (y según propia confesión, si consideramos suyo el artículo sin firma que sirve de presentación a la edición en el diario inglés), Manuel volvió a Madrid. Y aunque hay más indicios de que esto pudiera haber sido ser así, no tenemos hasta hoy otras pruebas concluyentes.

La familia lo aguardaba en Barcelona y, según confesión de Pilar Chaves, llegaron a París en los preámbulos de la Navidad; luego a falta de mayor confirmación, pudo acudir primero a Valencia, volver a Madrid al conocer la creación de la Junta de Defensa por parte del general Miaja, entrevistarlo y salir finalmente al exilio días después, tras los bombardeos sobre Madrid. De su visión de los acontecimientos que mantuvieron la resistencia de la capital durante tres largos años dan muestra los textos que ahora presentamos. Su hermano Juan Arcadio, que fue militar a las órdenes de Miaja en la defensa de la ciudad, pudo aportar más información, en Madrid o ya en el exilio en París, cuando Manuel lo rescató de un campo de refugiados del norte de África.

En medio del caos instalado en España con la Guerra Civil, una vez más se advierte en este reportaje de Chaves la búsqueda de imparcialidad, el trabajo de comprensión de los acontecimientos, el análisis acertado y la ejemplaridad del arriesgado trabajo del informador. Y sobre todo ello, la gran humanidad del periodista que analiza los hechos que le fuerzan a abandonar el país:

"En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid, como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas."

Para concluir que, fuese cual fuese el resultado de la lucha, el triunfo se asentaría sobre la sangre de los inocentes, los propios españoles. Como así fue.

1 - Blanco Escolá, Carlos, Franco y Rojo. Dos generales para dos Españas, Labor, Barcelona, 1993.
   - Colodny, Robert G., El asedio de Madrid, Ruedo ibérico, París, 1970.
   - Figueres, J.M., Madrid en guerra. Crónica de la batalla de Madrid, 1936-1939, Destino, Barcelona, 2004.
   - Ibárruri, Dolores; Azcárate, Manuel; Balaguer, Luis; Cordón, Antonio; Falcón, Irene; Sandoval, José, Guerra y revolución en España 1936-1939, Progreso, Moscú, 1966.
   - Izcaray, Jesús; Cimorra, Clemente; Perla, Mariano; Ontañón, Eduardo de, Madrid es nuestro (60 crónicas de su defensa), con prólogo del general Miaja, Nuestro Pueblo,
     Madrid-Barcelona, 1938
   - López Fernández, Antonio, Defensa de Madrid. Relato histórico, A.P. Márquez, México, 1945.
   - Martínez Reverte, Jorge, La batalla de Madrid, Crítica, Barcelona, 2004.
   - Pérez Salas, Jesús, Guerra en España, Grafos, México, 1947.
   - Rojo, Vicente, Así fue la defensa de Madrid, Comunidad de Madrid, Madrid, 1987.
   - Somoza Silva, Lázaro, El general Miaja (biografía de un héroe), Tyris, México, 1944.